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Con la consolidación del trabajo híbrido y presencial, la calidad del aire interior (CAI) en oficinas se ha convertido en una prioridad estratégica para las organizaciones centradas en la salud de las personas, la productividad y la sostenibilidad.
La calidad del aire interior está directamente relacionada con el rendimiento cognitivo, el bienestar y la eficiencia operativa. Una ventilación deficiente, niveles elevados de CO₂ y la presencia de partículas en suspensión pueden afectar negativamente a cómo se sienten y rinden las personas en su entorno laboral. Por este motivo, invertir en CAI debe entenderse como una estrategia a largo plazo para los espacios de trabajo, y no como una reacción puntual a crisis sanitarias del pasado.
A continuación, analizamos cinco razones clave por las que las organizaciones deberían monitorizar y mejorar activamente la calidad del aire en entornos de oficina.
Los entornos de oficina suelen concentrar a muchas personas en espacios cerrados, en ocasiones con una ventilación insuficiente o mal regulada. Esto puede provocar que las concentraciones de CO₂ superen los umbrales recomendados, generando somnolencia, menor capacidad de concentración y un peor desempeño en la toma de decisiones.
Diversos estudios científicos muestran una correlación clara entre concentraciones elevadas de CO₂ y partículas finas (PM2.5) y una disminución de la precisión cognitiva, el tiempo de respuesta y la capacidad de resolución de problemas. Las investigaciones científicas han demostrado que niveles elevados de CO₂ en interiores se asocian con reducciones medibles en el rendimiento cognitivo y la toma de decisiones, lo que refuerza la importancia de contar con espacios de trabajo bien ventilados.
Mejorar la calidad del aire interior en oficinas contribuye, por tanto, de forma directa a una mayor productividad, mejor capacidad de enfoque y un mejor rendimiento de las personas.
De media, las personas que trabajan en oficinas pasan alrededor del 30 % de su tiempo en espacios interiores del lugar de trabajo. Entre las fuentes más habituales de contaminación del aire interior se encuentran los equipos de oficina, los materiales de construcción, el mobiliario, los productos de limpieza y una ventilación inadecuada.
La exposición prolongada a estos contaminantes se asocia con síntomas comúnmente agrupados bajo el concepto de síndrome del edificio enfermo, como irritación ocular y de garganta, dolores de cabeza, fatiga y molestias respiratorias.
Mantener una buena calidad del aire interior ayuda a reducir el riesgo de estos síntomas, favorece la salud respiratoria y contribuye a disminuir el absentismo y mejorar el bienestar general. Las oficinas bien ventiladas y con parámetros de CAI controlados son espacios más saludables y confortables para el trabajo diario.
Las personas esperan cada vez más políticas laborales transparentes y basadas en datos. El acceso a información clara y comprensible sobre la calidad del aire en oficinas ayuda a que los empleados se sientan más seguros y cómodos en su entorno de trabajo.
La experiencia en gestión de edificios y facilities management indica que la comunicación transparente sobre las condiciones ambientales, incluida la calidad del aire, tiene un impacto positivo en la confianza y el compromiso de los empleados. Cuando las organizaciones monitorizan la CAI y comparten esta información internamente, las personas perciben un mayor compromiso con su bienestar.
Este sentimiento de cuidado y responsabilidad puede mejorar la retención del talento, la satisfacción laboral y el atractivo de la empresa como empleador, especialmente en mercados laborales competitivos.
La calidad del aire interior desempeña un papel cada vez más relevante dentro de las estrategias ESG (Environmental, Social & Governance) y las políticas de Responsabilidad Social Corporativa. La salud laboral, el bienestar y la gestión sostenible de los edificios se consideran cada vez más indicadores clave de unas prácticas empresariales responsables.
Las organizaciones que monitorizan y mejoran la CAI demuestran un compromiso tangible con los edificios saludables, la responsabilidad social y el diseño centrado en las personas. Estas acciones están alineadas con estándares y certificaciones internacionales centrados en la salud y la sostenibilidad, como WELL, LEED o BREEAM.
Compartir datos agregados o anonimizados sobre la calidad del aire en las oficinas también puede reforzar la confianza de empleados, visitantes y otros grupos de interés, fortaleciendo la reputación corporativa.
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La monitorización de la calidad del aire interior permite aplicar estrategias de ventilación controlada por demanda, en las que los sistemas de ventilación, calefacción y refrigeración se adaptan a los niveles reales de ocupación y a las condiciones ambientales del espacio.
Al ventilar solo cuando y donde es necesario, los edificios pueden reducir de forma significativa el consumo energético y los costes operativos, sin comprometer el confort. En oficinas con ventilación natural, la monitorización de la CAI ayuda a identificar los momentos óptimos para abrir ventanas, evitando pérdidas de calor o una demanda de refrigeración innecesaria.
Como resultado, la monitorización de la calidad del aire interior contribuye tanto a la eficiencia de costes como a los objetivos de sostenibilidad.
Una gestión eficaz de la calidad del aire interior se basa en disponer de datos fiables. La monitorización continua de los principales parámetros de CAI permite a responsables de edificios y organizaciones tomar decisiones informadas y aplicar mejoras específicas.
Nuestros dispositivos MICA miden de manera continua y fiable los principales parámetros que condicionan la calidad del aire interior. Desde nuestra plataforma en la nube My inBiot se puede consultar, analizar y compartir los datos en tiempo real, de forma sencilla e intuitiva y con recomendaciones de mejora para fomentar la salud y bienestar.
Si te interesa gestionar y mejorar la calidad de aire en tu oficina, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Nuestro equipo estará encantado de darte soporte.