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Los edificios representan cerca del 34 % de las emisiones globales relacionadas con la energía, según la Global Alliance for Buildings and Construction y el Buildings Global Status Report. En Europa, mejorar el rendimiento energético de los edificios se ha convertido en una prioridad estratégica para avanzar en los objetivos de descarbonización y eficiencia energética.
La calidad del aire interior suele asociarse con la salud yel confort de los ocupantes. Sin embargo, también desempeña un papel importante en la eficiencia energética ya que una parte importante del consumo energético de los edificios está relacionada con los sistemas HVAC.
La monitorización continua de la calidad del aire interior permite ajustar la ventilación a las condiciones reales del edificio y permitir la reducción de los costes energéticos de hasta en un 21%.
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Muchos sistemas HVAC funcionan según horarios predefinidos que no reflejan la ocupación real ni los niveles de contaminantes. Esto suele provocar ventilación excesiva y consumo energético innecesario.
La monitorización de la calidad del aire interior permite implementar ventilación controlada por demanda (DCV). Al medir las concentraciones de CO₂ y otros contaminantes en tiempo real, la ventilación puede ajustarse en función del uso real de los espacios en lugar de depender de horarios predefinidos.
A partir de estos datos, el sistema HVAC puede modular su funcionamiento a lo largo del día. En lugar de operar de forma constante o a máxima capacidad, el sistema adapta su intensidad según las condiciones reales del espacio.
Este enfoque permite mejorar la eficiencia energética, especialmente en edificios con ocupación variable como oficinas, centros educativos o espacios de uso mixto.
Cuando los sistemas de monitorización de calidad del aire se integran en un sistema de gestión de edificios (BMS), los datos de IAQ pueden utilizarse directamente para automatizar el funcionamiento del HVAC. Esto permite ajustar automáticamente la ventilación, el control de temperatura o los ciclos de renovación de aire en función de las condiciones interiores. De este modo, la calidad del aire se convierte en un parámetro operativo más dentro de la gestión del edificio.
La monitorización continua de la calidad del aire interior también permite verificar si los sistemas HVAC están funcionando correctamente.
Por ejemplo, niveles elevados de CO₂ durante periodos prolongados pueden indicar ventilación insuficiente o un posible fallo del sistema. Identificar estas situaciones a tiempo permite corregir ineficiencias antes de que se traduzcan en mayores costes energéticos o problemas de confort para los ocupantes.

Optimizar el funcionamiento de los sistemas HVAC no solo reduce el consumo energético, sino que también ayuda a prolongar la vida útil de los equipos.
Los sistemas que operan constantemente a máxima capacidad están sometidos a mayor estrés mecánico. Ajustar la ventilación según la demanda real permite que los equipos funcionen de forma más estable, reduciendo el desgaste de ventiladores, filtros y otros componentes mecánicos.
Los datos de calidad del aire también facilitan un enfoque de mantenimiento basado en el rendimiento real del sistema. En lugar de depender únicamente de calendarios de mantenimiento fijos, los equipos de facility management pueden planificar intervenciones de forma más precisa, reduciendo fallos inesperados y optimizando los costes operativos.
Contar con datos continuos sobre la calidad del aire interior permite optimizar la ventilación y mejorar el rendimiento energético del edificio. Los dispositivos MICA de inBiot miden de forma continua los principales parámetros de IAQ y pueden integrarse en sistemas BMS y HVAC existentes para apoyar una gestión más eficiente de la ventilación.