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La nueva Directiva Europea de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD), oficialmente Directiva (UE) 2024/1275, marca un punto de inflexión en la forma en que se diseñan, renuevan y, sobre todo, se gestionan los edificios en Europa. En un contexto de transición energética y descarbonización, la normativa amplía el foco: ya no basta con proyectar edificios eficientes, ahora es imprescindible demostrar su rendimiento real una vez están en uso.
Con esta directiva, la Unión Europea refuerza una idea clave para el sector: la eficiencia energética, el confort interior y la calidad ambiental forman parte de un mismo sistema y deben gestionarse de manera conjunta y continua.
La EPBD (Energy Performance of Buildings Directive) es el marco normativo que guía a los Estados miembros en la mejora del rendimiento energético del parque edificatorio europeo. Con la aprobación de la Directiva (UE) 2024/1275, la UE establece un objetivo claro y a largo plazo: alcanzar edificios de cero emisiones en 2050.
Para lograrlo, la directiva actúa sobre todo el ciclo de vida del edificio, desde el diseño y la construcción hasta la renovación, la operación y el mantenimiento. Uno de los cambios más relevantes es que el rendimiento energético deja de evaluarse únicamente sobre el papel. El comportamiento real del edificio, en condiciones normales de ocupación y uso, pasa a ser un elemento central.
La nueva EPBD introduce cambios estructurales que afectan tanto a edificios nuevos como existentes:
La directiva refuerza la renovación energética del parque inmobiliario existente como uno de los principales mecanismos para reducir emisiones y mejorar el rendimiento global de los edificios.
Ya no es suficiente con diseñar edificios eficientes. La normativa exige que esa eficiencia se mantenga en el tiempo, lo que implica un mayor control de los sistemas técnicos y la capacidad de identificar desviaciones entre el rendimiento previsto y el real.
La EPBD reconoce el papel estratégico de los sistemas de automatización, control y monitorización para gestionar edificios cada vez más complejos. La disponibilidad de datos fiables se convierte en un requisito práctico para demostrar el cumplimiento normativo.
Aunque se trata de una normativa técnica, su impacto es transversal. La EPBD afecta directamente a:
Todos ellos comparten una misma necesidad: poder demostrar, con datos, que los edificios funcionan conforme a los objetivos de eficiencia energética establecidos.
Uno de los cambios más significativos introducidos por la nueva directiva sobre el rendimiento energético de los edificios es el paso del cumplimiento puntual al rendimiento continuo. La EPBD destaca la importancia de comprender cómo se comporta un edificio en su funcionamiento diario, lo que supone un cambio en la forma de gestionar los edificios. La toma de decisiones basada en suposiciones o auditorías aisladas da paso a enfoques respaldados por datos reales y continuos. Esto permite anticipar mejor los problemas, optimizar los sistemas técnicos y justificar con mayor claridad las decisiones operativas.
En este contexto, el confort interior y las condiciones ambientales ya no son aspectos secundarios. Pasan a formar parte del rendimiento global del edificio, reforzando el vínculo entre la eficiencia energética y la calidad del ambiente interior.
La Directiva (UE) 2024/1275 establece el marco general, pero su aplicación depende de la transposición nacional. Las principales fechas a tener en cuenta son:

Uno de los aspectos que gana peso con la nueva EPBD es la relación directa entre eficiencia energética y calidad del aire interior (CAI). A medida que los edificios se vuelven más herméticos para reducir pérdidas energéticas, el control de las condiciones interiores se vuelve crítico.
Una ventilación mal gestionada puede afectar al confort, a la salud de los ocupantes y, en última instancia, al propio rendimiento del edificio. Por este motivo, la EPBD refuerza implícitamente la idea de que un edificio eficiente no puede evaluarse solo por su consumo energético, sino por cómo se comporta en uso real, incluyendo la calidad del ambiente interior.
Esto impulsa un cambio claro: de la evaluación puntual a la monitorización continua basada en datos.
Adaptarse a la nueva directiva de eficiencia energética no consiste solo en cumplir requisitos normativos, sino en disponer de visibilidad continua sobre el rendimiento real del edificio. Aquí es donde la monitorización de la calidad del aire interior y de las condiciones ambientales juega un papel clave.
Las soluciones de inBiot permiten medir de forma continua parámetros fundamentales como CO₂, temperatura, humedad o partículas en suspensión, proporcionando una visión objetiva de cómo se comporta el edificio en condiciones reales de uso. Estos datos permiten:
A través de la plataforma My inBiot, los responsables de edificios pueden consultar y analizar los datos en tiempo real, facilitando una gestión más transparente, eficiente y alineada con los principios de la EPBD.
En un contexto en el que la normativa exige demostrar el rendimiento continuo de los edificios, la medición y el uso inteligente de los datos dejan de ser opcionales. Integrar la calidad del aire interior en la estrategia de gestión del edificio es un paso clave para cumplir con la nueva EPBD y avanzar hacia edificios más eficientes, saludables y preparados para el futuro.